“Lo mas bello que podemos experimentar es el misterio”
Albert Einstein
La subjetividad como derecho de autor
Victor Florido pinta imágenes inventadas fruto de una subjetividad implacable. Los cuadros presentan escenas de un sugestivo hermetismo profundamente cargadas de tensión y expectativa; la narración cultiva una ambigüedad reservada y pudorosa que se despliega en una realidad bizarra. Privada de eslabones que ayuden a organizar el recorrido de la mirada, el observador percibe que la lógica tradicional ha sido traicionada e inevitablemente instalará la pregunta sobre el sentido.
Una forma de ruptura se produce en las obras en las que el protagonismo de la típica casa con techo a dos aguas sorprende por un extraño montaje pictórico que reúne los espacios interiores y exteriores jugando con la imposibilidad. El desconcierto persiste con la presencia de personajes dibujados cuyos contornos sin volumen se superponen sobre otros volúmenes y revelan su transparencia. Nuevamente aparece la ambigüedad en la levedad de una imagen flotante que se constituye en una fuerte carga simbólica. Estos seres parecen referir una gran ausencia que se descubre omnipresente, sin ocupar lugar físico habita ese universo hasta apropiarse de la escena.
El autor necesita capturar el hueso de las cosas de este mundo. Para plasmarlo en imágenes sortea su aspecto exterior, disuelve los detalles y genera espacios íntimos donde renueva sensaciones primigenias, recuerdos fantasm ale s, sonidos antiguos. Entonces todo resulta esencial y misterioso, la pintura se vuelve acromática, opaca, los personajes llevan ropas anónimas, los espacios se hacen reversibles. El vacío insiste, se instala en una cantidad de elementos sin personalizar, papeles en blanco, libros sin nombre, estantes libres, árboles desnudos que denotan un horror a lo superfluo. El despojamiento satura la atmósfera del cuadro.
En algunas de sus obras Víctor Florido recupera ciertos aspectos propios del tiempo vivido por la generación de sus padres, surgen sus libros, una determinada relación con la natur ale za aparece en imágenes des-congeladas que son revisitadas, con otra mirada. El respeto hacia las utopías irresueltas de la modernidad incluye la posibilidad de un distanciamiento crítico. Es el mundo que lo vio nacer y que él ha visto desdibujarse luego, hoy lo recupera merced a un ejercicio de memoria intervenida desde las entrañas mismas del deseo. Se percibe cierta nostalgia por aquello no vivido. El gesto de ruptura se renueva hacia lo heredado; los libros catalogados, el pensamiento que recibe nuevas lecturas, los recuerdos que se presentifican hasta celebrar una re-creación a la medida de su autor. Escenas deudoras de la fotografía presentan una imagen intervenida según un nuevo guión que permanece oculto. Las pinturas reivindican los blancos, negros y grises, los escasos toques de color adquieren una función simbólica: remiten a la melancolía de los azules y a la pasión que emana del rojo. Pero básicamente los blancos y los negros aportan recursos compositivos y plásticos apropiados para velar los recuerdos, ofrecen un tamiz que permite percibir a través de un filtro muy particular. La pintura es aplicada con toques sueltos y desprolijos, chorreaduras espontáneas y grandes masas acromáticas envueltas en bruma condicionan un clima de precariedad.
El encuentro entre elementos incoherentes coagulan en la escena del cuadro.
El artista pone a trabajar elementos opuestos que no negocian sus diferencias para arribar a puntos intermedios, sino que se manifiestan dialécticamente en contrapunto, cada uno con su propia intensidad y vibración. Esta rara convivencia de los contrarios se torna dramática cuando las escenas de bosques son trasladadas a la intimidad de una habitación junto con las bibliotecas, o las casas -hogares incorporan otras casas, hasta crear espacios claustrofóbicos, expresión de una emocionalidad densa y contenida.
La profusión de bibliotecas transmite una autoridad supra personal, anónima, no se distinguen títulos ni autores, prev ale ce el clima onírico de límites imprecisos. El encierro de la casa entre los libros, junto con un personaje ensimismado realizando alguna actividad – a menudo vinculada al sonido- que lo sustrae de su alrededor aumenta el clima de distanciamiento y lejanía. La desproporción entre las dimensiones de la casa, y de los personajes sitúa la escena en un mundo imprevisible. Una inversión de funciones sobreviene cuando las ventanas y las puertas negras obturan la visión mientras que las paredes transparentes dejan visibles, como a la intemperie, sus ambientes internos.
La ceguera aparece en personajes cuyos ojos son cuencos vacíos o han sido manchados con brochazos de pintura. La imposibilidad de ver parece propiciar una mayor visión interior, la visión trascendente a la manera del sabio Tiresias.
La pregunta por el sentido de la obra nos enfrenta con el misterio como la más bella experiencia que refiere Albert Einstein. La obra de Víctor Florido nos convoca a sumergirnos en ella y sostener activa la cuestión.
Corinne Sacca Abadi
Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte. |