Un baúl lleno de gente
“Una de mis preocupaciones constantes es el comprender cómo es que otra gente existe, cómo es que hay almas que no son la mía, conciencias extrañas a mi conciencia, que, por ser conciencia, me parece ser la única”, escribió Fernando Pessoa en El libro del desasosiego en 1912, obra que hace alusión a la inquietud por la existencia humana desde la forma y el contenido. Compuesto de aforismos, divagaciones y fragmentos de su diario, el poeta de los muchos nombres, --setenta y dos le contó Antonio Tabucchi en su ensayo sobre este autor portugués--, exhibe la extrañeza que le provocan los otros, al tiempo que él mismo se vuelve un ser difícil de comprender. Esta experiencia de Pessoa sirve para pensar, también, cómo es esa delicada relación del arte con la figura humana. Postular, en este sentido, que desde que entró el antropomorfismo a la historia del arte, la manera de representarla ha pasado por diferentes etapas y hasta incluso su desaparición, por ejemplo con el arte abstracto, es también una forma vínculo. En ese dilema, me interesa ubicar los trabajos de los cuatro artistas que forman parte de esta tercera muestra de Arte Joven: Hernán Balzarotti, Paula Duró, Estanislao Florido y Nat Oliva. Ya que cada uno, a su modo piensa, pinta y retrata eso que de ser otro y uno mismo. Eso de comprender que “otra gente existe”.
En las pinturas de Balzarotti, las máscaras son la clave. Tapar la cara de amigos, familiares y hasta la suya propia con caretas de animales. Como una fusión rupestre entre el cazador y la presa, todo eso trabajado desde un inicio fotográfico que retrata situaciones cotidianas para volverlas extrañas y poco conocidas. En su obra, todo se transforma y no sólo la foto que pasa a ser cuadro: el acrílico que usa se parece un poco a la acuarela; las caretas de plástico de cotillón se metamorfosean en máscaras rituales; el pintor se vuelve obra y hasta las palabras mutan en gráficos.
Por su parte, aunque Duró pinta a cara descubierta, no quiere decir que desestime el ocultamiento. El sol que le pega en la cara a sus retratos puede pensarse como la máscara que alguna vez inventó Borges para uno de los personajes de Historia Universal de la Infamia . “El impostor inverosímil Tom Castro” es el título del cuento y el de uno de los simulacros mejores narrados en la literatura: alguien que tiene que hacerse pasar por otro muy diferente a él mismo. El éxito del simulacro, entonces, tanto en el cuento como en los cuadros de Paula, es lograr subvertir el mundo de la representación. No es una copia del original: es la negación del este último al tiempo que se decreta la ausencia de una verdad única. No es lo uno ni lo mismo y de ahí su valor estético.
Estanislao Florido pinta sobre el fondo de papel de empapelar rostros y cuerpos orientales. Volverse otro, casi el Otro por excelencia, que reduce al asiático a pura incomprensión. Pero en Florido, las texturas de esos papeles: el floreado conocido, el recuerdo de algún cuarto de la infancia, acercan a los seres que los habitan. Que se dejan mirar en la pureza de los trazos, con los colores justos y las formas controladas. Los cuadros de Florido producen un bienestar en el mundo que se parece bastante a la felicidad.
Nat Oliva es (¿es?) el cuestionamiento de la existencia misma. Su modo de habitar está directamente ligado a la virtualidad de Second Life, un sitio que promueve la idea de que hay otra vida posible y que no es precisamente la real. En este sentido, Snapshot , el proyecto de esta fotógrafa virtual y nombre que le viene de su cámara fotográfica, ese botón que dispara, es una experiencia del aprendizaje, tal como lo describe su autora: “Como un niño cuando descubre su cuerpo, ella se enfoca una y otra vez en situaciones, lugares y momentos diferentes. Y también descubre su entorno. Instantáneas preparadas en un mundo donde el azar habita con ropas diferentes a las de la vida real. Encuentros fortuitos, ligeramente inducidos. Secundidades que regresan al mundo real para indagarlo”. Ver para creer. Experimentar para la construcción de la identidad perfecta.
Laura Isola
Octubre, 2007 |